Material del curso
La presentación de la Palabra y el llamado
Pastor Abraham Luciano
Dios espera una respuesta a sus palabras. Usted puede ver una película, estar en un teatro y salir sin sentir un llamado a actuar o a poner en práctica lo que escuchó. En la iglesia no debería pasar lo mismo, porque Dios habla y nosotros respondemos.
Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.
1 Samuel 3:10
La palabra que se usa para llamar es como una convocación, donde es importante responder. Por eso, a Samuel le enseñaron a decir: "Habla, porque tu siervo oye".
La palabra debe ser recibida
Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.
1 Tesalonicenses 2:13
La palabra de Dios no es solo para escucharla
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
Santiago 1:22
La palabra de Dios debe ser plantada en el corazón
Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.
Santiago 1:21
La palabra de Dios es alimento
Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová, Dios de los ejércitos.
Jeremías 15:16
La presentación de la Palabra espera la respuesta de los que tienen hambre y sed de Dios
La palabra se presenta y nos invita a que tengamos una respuesta. Los que responden son aquellos que tienen hambre y sed de justicia. Los predicadores hemos notado que obtenemos mejores resultados en lugares donde hay hambre por la Palabra, porque Dios siempre nos alimentará.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Mateo 5:6
La Palabra produce madurez espiritual
La Palabra espera esa respuesta en la que el corazón se abre para recibirla y dar fruto.
Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.
1 Pedro 2:2
Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
Isaías 55:10–11